El tema puede reducirse al siguiente dilema: ¿qué debe respetarse más, la identidad cultural, nacional y política, o los principios democráticos? Lo políticamente correcto es decir "China tiene otra cultura, otro sistema político, etc., tan válidos como los nuestros". El problema es que cuando uno tiene ideales, no los restringe sólo a cierta gente, ciertos países, ciertas épocas. Yo no estoy de acuerdo con el abuso sexual infantil, con la explotación económica, con la discriminación social; y aspiro a que TODOS LOS SERES HUMANOS puedan vivir en una realidad sin estas lacras. No creo que alguien diga: "aspiro a que todas las mujeres puedan elegir su vida con la misma libertad que los varones, salvo si se trata de mujeres musulmanas".
No debe creerse con esto que soy tan increíblemente ingenuo como para pensar que Google se basa en razones de principio para su decisión. Sus razones son básicamente de integridad de estructura empresarial, aunque en esta ocasión coincidan con principios democráticos, que poco le importaron cuando se trató de establecerse en el mercado más populoso del mundo.
Para una empresa como Google, la integridad informática es esencial. Descubrir una violación de esa clase partiendo desde el mismísimo gobierno con el que tratan debe haber remecido a su plana directiva. Para trazar un paralelo, es como si una empresa logística descubriese que el gobierno chino sustrae mercadería de los containers de sus clientes, de modo subrepticio y según el grado de antipatía hacia ciertos clientes específicos.
Evidentemente, ante una situación así, la empresa logística probablemente se plantearía su continuidad en un mercado en el que su misma razón de ser se pone en cuestión a resultas de un gobierno que se supone debería ser el garante de las reglas de juego.
Vista así la cuestión, se ve más claro que la decisión de Google no es realmente tan principista ni idealista. Tampoco se trata de una especie de "piconería" por no poder llegar a ser el buscador líder en el mercado chino: ser líder en un mercado como el chino vale la pena muchos años de lucha, y típicamente las grandes trasnacionales, que cuentan con enormes recursos, pueden darse el lujo de persistir por años y años.
Lo que pasa es que Google no puede hacer lo que se supone que es su negocio: informar y dar servicios informáticos supuestamente privados, en un contexto como el que ha generado de facto el gobierno chino. Mejor dicho: Google no puede hacer su negocio en China como lo hace en el resto del mundo. Trató de bailar al son de los címbalos chinos, pero si se sigue adaptando corre el riesgo de perder su identidad en el resto de países en que opera.
Es por esa misma razón por la que el buscador líder en China es de una empresa de ese país. Y vaticino que esa situación se seguirá dando, salvo que alguna empresa foránea en posición intermedia en el mercado se avenga a las infames condiciones del gobierno chino (poco probable).






Por una serie de razones que no vienen al caso, tengo acceso a un lector de libros digitales Sony Reader PRS-300. Este lector digital, que se ha constituido en el aparato de lectura digital más barato que cualquier empresa principal de tecnología haya puesto al alcance de los consumidores en los tiempos recientes, es capaz de albergar hasta 350 libros. Esta es, como suele ser mi costumbre, una reseña de usuario, no de técnico. Es decir, yo uso cotidianamente este aparato, por lo que tengo un conocimiento permanente y minucioso de él. Si les interesa esta nueva tecnología, sigan leyendo...
Como antiguo habitante de la ciudad de Cajamarca, puedo decir que he sido testigo de la acción pública del sacerdote Marco Arana. Arana pretende ahora dar el "salto del tigre": no en la cama, sino en el mapa: de ser un líder popular local a ser un "presidenciable". Lo más grave es que podría irle mucho mejor de lo que se merece.









